Baúl de Peso A
Para Laura
Hete* aquí el baúl de Pessoa
Que tenía unas libretas
Quete
nían unos poemas
Quete
nían unas personas
Quete
nía Pessoa
Quete
nía un baúl
¿Qué?
Ten y ya.
*rónimos.
Baúl de Peso A
Para Laura
Hete* aquí el baúl de Pessoa
Que tenía unas libretas
Quete
nían unos poemas
Quete
nían unas personas
Quete
nía Pessoa
Quete
nía un baúl
¿Qué?
Ten y ya.
*rónimos.
Fin de la ciencia
Para la “otra” Paloma.
Ahora todo tiene su sentido
El mundo se hizo adulto desterrando
Su esencia inescrutable, sus misterios
En donde había potencia hay realidad.
En páginas y páginas teoremas
Verdades en volúmenes repletos
En una galería que está situada
En todas partes y en ningún lugar.
La torre de marfil quedó maldita
Sus sabios entre sabios ignorantes
No queda ya pregunta sin respuesta
Y nada nuevo surge bajo el sol.
Desdesenredo
Para Paloma
1.- Teorema
Hurgar entre los giros de la mente
(Del cerebro dirían, materialistas),
Hurgar para encontrarnos el momento,
Preciso en el que el punto se soltó
Y el tejido, las circunvalaciones
De circunvalaciones, enrizados
De giros enrizados, enlazados
Herido comenzó a desmadejarse
Derecho por revés, vuelta por vuelta
Cada punto perdido perdición
De los que anclaba y esos a su vez
De los que anclaban, reacción en cadena
Desencadenaciones cadenadas
Hasta que todo el hilo es un buruño,
Enredo sobre el suelo polvoriento
Un algo más complejo y más vacío
La trama complicada y sin sentido
Ovillo para urdir nuevo tejido
Pero para tejer no queda tiempo.
2.- Corolario
En los dibujos animados
Veíamos esas cosas y aún más
Con finales más terribles
Pero nos hacían reír.
En el vaivén del viento
Tan solo ensueño
Fue mi pregunta.
Solo sonrisa
Lo que tú diste.
De húmeda noche
Fulgor que encendiste –
Ahora apremia
Mayo y debo
De tus ojos, tu pelo
Cada día
Vivir el anhelo.
Stefan George. Versión de Andrés paniagua Curiel
Aún puedo verte: un eco,
palpable con palabras tác-
tiles, en el filo de
la despedida.
Tu rostro rehúye silencioso,
cuando de pronto
surge en mí claridad
de lámpara, en el lugar
donde más dolorosamente se dice Nunca.
Paul Celan (en Lichtzwang)
Versión de Andrés Paniagua Curiel.
I
Una vez estuvimos en Barbados.
Sé con toda certeza
Que eso fue a principios de los años
Setenta, porque había esa luz dorada
De entonces y el calor
No se sentía, o al menos no
Se sentía como se iba a sentir
Al final de la década,
Ese calor de horno
Capaz de perdurar en la memoria
Como marca de hierro incandescente.
También podría deducir la era
Analizando el orden de sucesos
Los antes y despueses de la historia,
Pero siempre he confiado
Más en las sensaciones disecadas
Y en los fósiles de los sentimientos
Que en la cronología.
Estaríamos en ruta a Luxemburgo
Viajando hacia Europa
Mi hermana, yo, y mi madre
Haciendo conexión.
Recuerdo el exterior de un edificio
De un verde calcinado
Verde color de oficina portuaria,
(¿Cómo sabemos estas cosas antes
De nunca haberlas visto?)
El cielo de un azul gemelo, césped,
Palmeras y el olor,
A brea del asfalto asoleado,
Polvo. Hacíamos tiempo.
En una jardinera una araña
Enredaba a su presa
El saltamontes todavía luchaba
Pataleando, los niños nunca habíamos
Presenciado ese horror inexorable.
Mi madre, entusiasmada explicó
Que las arañas guardan lo que atrapan,
Vivo, envuelto en seda inescapable.
No hay en esa memoria sobresalto
Como el que ahora siento al recordarla
Quiero creer que entonces no entendimos.
Luego mi madre, con una varita,
Ahuyentó a la araña y comenzó
A liberar al bicho.
Recuerdo a un guardia que nos vigilaba
Su piel obscura, el uniforme khaki
(Vestigio del imperio), el desconcierto
Que turba la mirada,
Por dos niños que observan a la madre,
En cuclillas, que manipula algo.
Y recuerdo la forma artropódica,
Tenue, apareciendo poco a poco
Verde, de entre el ovillo pegajoso.
(Como la forma intuida del pino
Bajo mares de oropel cristalino
De un árbol navideño
Adornado por un esquizofrénico)
Cuando llegó la hora de seguir
—El animal apenas liberado
Tambaleante—, mi madre sentenció
“Ya hice lo que pude hacer por ti,
y ahora tienes que salvarte tú”
Nos tomó de la mano
Y nunca volveremos.
II
Aveces pienso que son esos momentos
Banales, impremeditados,
Sin causa ni consecuencia aparente,
Los que más nos marcan, los que más
Se van cargando con significado
Y el horror
De lo que viene después.
¿Cuándo, si no, aprende un niño a tomar
Causas perdidas, a pelear
Contra lo inevitable, a vivir porque sí?
Solo en esos momentos
Insignificantes
Alcanzamos a ver el valor de lo que a nadie importa.
Muchos años después aprendí
Que las arañas inyectan a sus presas
Jugos digestivos. Ahora
El recuerdo de aquella acción,
De aquel momento bajo el sol
Me causa pesadillas.
Veo al saltamontes arrastrarse a nuestras espaldas
Mientras nos alejamos
Luego se queda tirado, en espasmos
Disolviéndose desde adentro.
Pero no dudaría un instante
En volver a esa encrucijada
Y revivir esa hora.
Pesadilla
Saber que nada podía decir
Que te hiciera despertar
Saber que sabías
Que sabía.
Athene Noctua
Dice Goya de Descartes
Que su sueño en el brasero
Engendró monstruos. Tal vez
Comprendo mal.
Pero no lo creo.
Enceguece ya hoy:
también la eternidad está llena de ojos –
allí
se ahoga, lo que asistió a las imágenes
a andar el camino, por el que vinieron,
allí
se extingue, lo que a ti también arrebató
del habla con un gesto,
que dejaste ocurrir
como el baile de dos palabras de puro
otoño y seda y nada.
Paul Celan, versión de Andrés Paniagua Curiel
Corona
El otoño come de mi mano su hoja: somos amigos.
Sacamos al tiempo de las nueces y lo enseñamos a andar:
el tiempo regresa a la cáscara.
En el espejo es domingo,
En el sueño se duerme,
La boca habla veraz.
Mi ojo desciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos cosas oscuras,
nos amamos como opio y memoria,
dormimos como el vino en las conchas
como el mar bajo el rayo sanguíneo de la luna.
Nos abrazamos frente a la ventana, nos miran desde la calle:
¡Ya es tiempo de que se sepa!
Ya es tiempo de que la piedra se digne a florecer,
de que al desasosiego le lata un corazón.
Ya es tiempo de que ya sea tiempo.
Ya es tiempo.