Catástrofe

Catástrofe      

                                          A Brenda que lo inspiró
                                          A Paloma que me inspira.

Llama la naturaleza
Y el caparazón de quitina teórica
Se quiebra como la copa de cristal
Cortado
Ante el embate de una soprano
Exoesqueleto de palabras y costumbres
De pronto la sensación de ser
Más que la figura de metal
Que se hunde inexorablemente
En el pantano
Arrastrada por su gravidez hueca
Mientras el conquistador
Minúsculo en su interior
Recuerda las sonrisas alegres
Y polvorientas
De su infancia en la miseria extremeña.
Entonces lo que queda es esto:
Pulpa animada, carne palpitante
Sentir intenso, inescrutable.
Tu pecho en la copa de mi mano
Tu cuerpo en la copa de mi cuerpo
Tu cuerpo en la copa de escombros
De varillas e imposiciones
Ruinas de artefactos
Y la mano desollada por el cascajo
De construcciones
Que escarba hasta encontrarte.

Andrés Paniagua Curiel
Septiembre de 2017, en vuelo hacia el atardecer.

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Una canción a la antigua

Una canción a la antigua
(Nous n’irons plus au bois)

No pasearemos ya por el bosque
Los árboles han sido talados
Y allí donde una vez se alzaron
Ya no se ve siquiera en el camino
La rodada de un coche
La maleza se va adueñando.

No pasearemos ya por el bosque
Ahora es el porvenir que nos vino
De las tardes tendidos entre el trébol
De campos donde hicimos el amor
De regresar los dos a casa entonces
Donde la fronda arqueaba por arriba
Donde creamos nuestro propio clima
Cuando las ramas eran el cielo.
Y ahora ya se han ido para siempre,
Tú, para mal, y yo
Estoy de paso solamente.

Los árboles, nosotros y el camino
Qué volvía de los campos de goce
Duramos tanto como pudimos.
No pasearemos ya por el bosque.

John Hollander
Versión de Andrés Paniagua Curiel

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Despertando Tarde

Despertando Tarde

A estas alturas ya me acostumbré
al olor, a la calma, a estas mudas
de talla de cintura,
a la piel mala. Pero mi cabello
está lustroso, mis pómulos
bien definidos, y mis uñas
al parecer, aún creciendo.

Robin Robertson
Versión de Andrés Paniagua Curiel

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Paisaje con caída de Ícaro

Paisaje con caída de Ícaro

Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era primavera

un granjero araba
su parcela
la romería

del año
barbullaba despierta
cerca

de la orilla del mar
enfrascada
en si misma

sudando al sol
que fundió
la cera de las alas

más allá de la costa
sin mayor significancia
sonó

un chapoteo inadvertido
era
Ícaro ahogándose

William Carlos William
Versión de Andrés Paniagua Curiel

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Mujer sin hijos

Mujer sin hijos

La matriz
Cascabelea su vaina, la luna
Se desprende del árbol sin tener a donde ir.

Mi paisaje es una mano sin líneas,
Las vías amontonadas en nudo,
El nudo yo misma,

Yo misma la rosa que logras—
Este cuerpo,
Este marfil

Impío como el aullido de un niño.
Como araña, urdo espejos,
Fiel a mi imagen,

Articulando solamente sangre—
Pruébala, ¡roja obscura!
Y mi bosque

Mi funeral,
Y este montículo y esto
Reluciente de bocas de cadáveres.

Sylvia Plath
Versión de Andrés Paniagua Curiel

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Todos los días

Todos los días

La guerra ya no se declara,
se continúa. Lo inaudito
se volvió cotidiano. El héroe
se ausenta de los combates. El débil
se adentró en la zona de fuego.
El uniforme del día es la paciencia,
la condecoración la mísera estrella
de esperanza sobre el corazón.

Se la otorga,
cuando ya nada sucede,
cuando la cortina de fuego enmudece,
cuando el enemigo se ha hecho invisible
y la eterna sombra armamentista
recubre el cielo.

Se la otorga,
por desertar las banderas,
por el valor ante el amigo,
por la traición de secretos indignos
y el desacato
de toda orden.

Ingeborg Bachmann
versión de Andrés Paniagua Curiel

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El tiempo aplazado

El tiempo aplazado

Vienen días más duros.
El tiempo que estaba aplazado
ya se asoma al horizonte.
Pronto tendrás que anudar tus zapatos
y ahuyentar la jauría a los marjales.
Pues las entrañas de los peces
se han enfriado en el viento.
La luz de los lupinos arde exigua.
Tu mirada hiende la niebla:
El tiempo que estaba aplazado
ya se asoma al horizonte.

Allá se te hunde la amada en la arena,
la trepa por su cabello ondeante,
le corta la palabra,
la ordena callar,
la encuentra mortal
y dispuesta al adiós
después de cada abrazo.

No mires.
Anuda tus zapatos.
Ahuyenta la jauría.
Echa los peces al mar.
¡Extingue los lupinos!

Vienen días más duros.

Ingeborg Bachmann
versión de Andrés Paniagua Curiel

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